Cuando escuchamos la palabra altruismo muchos imaginamos a un grupo de personas adineradas dando un poco de su dinero a personas pobres. Esa imagen es la que nos han enseñado desde chiquitos y durante años esa ha sido también la forma en que empresas y particulares hacen algo bueno por la sociedad mientras quedan bien parados ante medios y el público general.

Pero los tiempos y las necesidades cambian, hoy esa práctica no es redituable para ninguno de los involucrados. En opinión de Rodrigo Cruz, Director de Plataforma de MiCochinito.com, este tipo de altruismo no hace más que generar asistencialismo, donde sólo se atienden los pequeños síntomas de una enfermedad social que sigue empeorando sin que alguien ataque la causa.

Como solución a esto, el altruismo horizontal consiste en preocuparse por el de al lado, es decir, por aquel que se encuentra dentro de nuestro mismo círculo social. Es así como podemos apoyar a que la tiendita de la esquina esté bien surtida o a que el señor que nos ha reparado los zapatos desde chiquitos por fin pueda poner su taller.

Con echar un ojo a la plataforma de MiCochinito.com se puede ver que hay mucha gente impulsando proyectos que benefician directamente a su colonia o comunidad. “Nuestro primer cochinito exitoso fue una freidora de pescado financiada por la comunidad de Zongolica, en Veracruz. También está el caso de los campamentos, donde un número elevado de participantes querían ir de viaje y ex miembros del grupo los ayudaron a cubrir los gastos””, cuenta Rodrigo.

La misión de MiCochinito.com es empoderar comunidades y el altruismo horizontal es la manera de lograrlo. Para ello cuenta con un grupo de herramientas pedagógicas diseñadas para inculcar a cualquier persona, sin importar la edad, el mensaje de que no se requiere ser rico para desarrollar un proyecto innovador.

En las comunidades, además de intervenir con esas herramientas, el equipo de MiCochinito.com activa métodos de pago completamente offline para que las personas no necesiten estar conectadas a internet o tener una tarjeta de débito y que puedan apoyar los proyectos locales.

Lejos de lo que podría pensarse, el financiamiento colectivo no es algo nuevo y a diferencia de lo que pasa en entornos más urbanos donde lo ven como asistencialismo puro, en las comunidades la idea gira en torno a la cooperación.

Por ejemplo, en Blanca Espuma, Veracruz, es común que cuando se hace un funeral todos los miembros de la comunidad aporten. “El financiamiento colectivo es algo que ellos ya hacen y nuestra labor consiste en que lo hagan a través de una plataforma en internet. Quizás la parte teórica les podría resultar complicado, pero no la práctica, es parte de sus tradiciones” dice Rodrigo.

Si bien algunas plataformas de crowdfunding están empezando a voltear hacia este modelo, son pocas las empresas que se han preocupado en implementarlo. “El altruismo tradicional promueve el sostenimiento del sistema que lo generó. Culturalmente se concibe como solucionar el síntoma más no la enfermedad, por ejemplo, cuando una empresa paga el tratamiento para niños con cáncer, pero sigue lanzando contaminantes al aire y al agua. En esos casos nunca se trabaja directamente con lo que genera el problema, sólo con sus consecuencias” explica Rodrigo.

Todo eso puede cambiar si las empresas deciden cambiar el paradigma actual. Entre las muchas ventajas que podrían encontrar está el extender sus alcances y generar comunidad al entablar una relación mucho más estrecha con los consumidores. Lo más importante es que estos podrán empoderarse para al fin combatir la enfermedad social desde la raíz.

“Se trata de un trabajo más sólido. Creo que las empresas no lo han hecho porque es una labor que requiere un grado de especialización muy alto y muchas veces no saben por dónde comenzar. La única opción es trabajar en conjunto con alguien que sí esté involucrado con esas dinámicas, como MiCochinito.com”, finaliza Rodrigo.